Dr Case by Justin Case, la historia del “Symbiosis Project” (Castellano)

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Website: www.symbi0sis.net

Symbiosis empezó como una manera de censurar a escritores de graffiti y artistas urbanos preocupados por mantener su anonimato en imágenes capturadas mientras cometían actos de vandalismo. Pero al cabo de un tiempo me di cuenta de que aparte de la censura, también aporta una visión un poco más personal de artistas cuyo trabajo podemos ver en muchos lugares pero que se mantienen en un segundo plano, en algunos casos cercano al anonimato. Artistas urbanos que decoran las calles sin permiso, diseñadores gráficos que crean diseños para marcas sin aparecer en los créditos de los anuncios, ilustradores que trabajan para prensa, tatuadores… Es muy fácil ver su trabajo por las calles, en anuncios, en periódicos y revistas o en la piel de la gente, pero no es tan fácil encontrar información sobre el artista que hay detrás. En muchos casos lo único que conocemos de estos artistas es su obra.
Ahora quiero hablar de un lado algo más personal de estos artistas compartiendo las historias que hay detrás de algunas fotos. Curiosidades y detalles que nos muestran algo más de las personas que aparece en estos retratos.

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Cuando Turkesa me dijo que quería salir en la foto tatuando me pareció una idea buenísima, pero le dije que teníamos que encontrar a alguien que llevase un tattoo suyo, no era plan de hacer la foto como si estuviera haciendo un tatuaje de otro artista, sobre todo por respeto hacia la persona; ella estuvo totalmente de acuerdo. Por suerte en su estudio en aquella época, Inkdelibe, también trabajaba Fran, que lleva una rosa de Turkesa en el brazo, y se prestó a salir en la foto amablemente. Además, resultó ser realmente expresivo, le pedí que pusiera cara de dolor y el resultado fue inmejorable; de hecho, esta es una de mis fotografías favoritas de todas las que he hecho hasta hoy.

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Para hacer la foto de Mr Kern, decidimos darnos un paseo por el barrio y buscar algún lugar en el que pudiera echarse una firma para que saliese de fondo. Encontramos este cristal en un callejón del Raval que nos pareció la mar de apropiado. Por desgracia, en cuando comenzó a decorarlo con su nombre apareció un tipo algo cabreado que nos dijo que era el cristal de su estudio. Yo le dije que Mr Kern era un artista que había venido de Francia a exponer en una galería de Barcelona y que la firma era para que saliese de fondo en una fotografía que íbamos a hacer. También le comenté educadamente que si nos daba un trapo húmedo podíamos borrarla al terminar de hacer las fotos, porque el rotulador era de tinta con base de agua y podía limpiarse fácilmente. Me miró con cara de estar pensando “¿crees que soy tan idiota que me voy a creer todas esas gilipolleces?”, se dio media vuelta y se fue. Seguramente nunca sabrá que todo lo que le dije era cierto…

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Normalmente hago las fotografías en el estudio o la casa del artista, pero Albert estaba en Barcelona de vacaciones y vivía en Menorca cuando hicimos su foto. Así que le pregunté dónde le gustaría hacerla y me dijo que en el lavabo del bar más sucio del barrio. La idea me pareció buenísima y estábamos en el Gótico, así que no fue especialmente difícil encontrar un baño sucio. Al vernos entrar a los dos con la mochila de la cámara y pasarnos allí dentro media hora nos miraron un poco raro, pero nadie preguntó nada. Igualmente, si el camarero hubiese preguntado y le hubiéramos dicho que estábamos haciendo una fotografía para un proyecto de retratos de artistas no se lo habría creído ni por asomo.

Por suerte, yo llevaba encima un rotulador, aunque decidimos no pintar realmente el baño para evitar problemas como los que tuvimos con Mr Kern. Albert lo cogió como si estuviera pintando y, muy amablemente, me envió algunos días después un montón de dibujos para que yo los colocase por el baño en Photoshop como mejor me pareciese. Tuvo la fantástica idea de añadir su número de móvil, como si ofreciese sus servicios de ilustrador por los baños de los bares en un acto de prostitución creativa. Tal y como están las cosas hoy en día, más de uno se ve obligado a “prostituirse” para conseguir trabajo adaptándose a los requisitos y las tarifas que ofrecen los clientes, que no dejan de bajar hasta límites insospechados. Por ahora todavía no le ha llamado nadie ofreciéndole trabajo, aunque el número de móvil es real, quien no se lo crea puede mandar un wasap para comprobarlo.

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Muchas veces, al preparar una foto, desparramamos todas las herramientas, parafernalia y cositas del artista por la habitación para crear un poco de ambientación. Normalmente suele haber botes de spray, cómics, ordenadores, mascarillas, pinceles, pintura, rotuladores, muñecos, ceniceros, drogas y otros elementos variopintos. Al hacer la foto al Danjer en su estudio en Zaragoza, decidimos usar una calavera con aspecto moribundo para reemplazar su cabeza y queríamos que pareciese que se había pasado toda la noche trabajando, era una ocasión perfecta para desparramar sus herramientas creativas por la habitación. Siempre que hago esto, pregunto al artista si hay algo especial para él que quiera que esté en la foto, normalmente me dicen que sí y sacan alguna ilustración suya o un muñeco al que tienen especial cariño, pero el Danjer hizo algo que ningún artista había hecho antes: sacó un dibujo de otra persona que tenía enmarcado. Me lo enseñó y me dijo que era una ilustración que había hecho hacía algunos años un buen amigo suyo con el que había abierto el estudio de tatuaje y que había muerto hacía un tiempo. Me pareció muy bonito meter su dibujo entre todas las cosas para que estuviera allí, aunque ya no estuviera allí. La verdad es que fue uno de los momentos más emotivos que he vivido sacando una foto a alguien, es bonito ir a hacerle fotos a un tatuador de Zaragoza al que no conoces de nada y que, así de repente, con un gesto, descubras que es una persona maravillosa.

Elena

Maria Elena Stellato es una artista activista feminista que conocí en Nápoles cuando fui a exponer en el espacio autogestionado L’Asilo. De hecho, me acogió en su casa, una planta entera de un edificio antiguo que compartía con mi amiga Giovanna y otras chicas. Pasaban gran parte de su tiempo en la cocina compartida tomando café, fumando y conspirando para destruir el patriarcado y el capitalismo. Yo decidí unirme a varias de estas sesiones de conspiración antipatriarcal animadas por el abuso de la cafeína al más puro estilo napolitano, y durante la exaltación del debate, le propuse hacerle un retrato y fusionarla con una de sus esculturas de mujeres africanas para reivindicar la importancia y relevancia de la mujer en las culturas anteriores al cristianismo.

Tras varias horas de debate y después de compartir varias cafeteras, llegamos a la conclusión de que cuando los humanos adoraban a la Tierra como una diosa con todas las cualidades femeninas, antes de que las religiones monoteístas forzasen a todo el mundo a creer que solo hay un dios y que es un hombre; las personas tenían un modo de vida mucho más sostenible y respetuoso con el medio ambiente; porque consideraban su planeta como algo sagrado, como su hogar, y lo cuidaban como tal. El problema del patriarcado en el que vivimos no es únicamente la desigualdad entre hombres y mujeres, sino también la falta de respeto por todo lo que se identifica con lo femenino, al no aceptar ni apreciar la importancia de la feminidad en su sentido más amplio, con su capacidad de albergar y mantener la vida.

Lo más curioso es que todas las culturas anteriores a la judeo-cristiana adoraban a la Tierra como una diosa que representaba lo femenino y al Sol como un dios que tenía las cualidades de lo masculino. Consideraban nuestro planeta como la madre Tierra, aunque algunos la llamaban Gea y otros Gaia o Terra; y al Sol como el Dios padre, al que algunos lo llamaban Horus y otros Ra. Aunque miles de kilómetros o varios siglos separasen a estas culturas, todas ellas coincidían en adorar a la Tierra y el Sol, y eran conscientes de que la vida no podía existir si faltaba cualquiera de los dos.

Con la llegada del monoteísmo se exageró la importancia del dios padre que está en los cielos único y todopoderoso, y se anuló por completo la relevancia y el papel de la diosa madre que quedó relegada a un segundo plano prácticamente invisible. Los sistemas y creencias basados en la superioridad y sin igualdad no son sanos y generan una forma de vida enfermiza e irrespetuosa que, a largo plazo, resulta muy peligrosa. Al considerar la Tierra un objeto con recursos que consumir, al actuar con un complejo de superioridad que nos hace pensar que todo existe para que lo utilicemos y lo consumamos, al considerar al hombre el centro del universo, actuamos de manera egocéntrica y no solo ponemos en peligro nuestro planeta, sino nuestra propia supervivencia. Porque estamos destruyendo nuestro propio hábitat y consumiendo los recursos que necesitamos para sobrevivir. Hemos olvidado que somos frágiles y que dependemos por completo de nuestro entorno. Consideramos que somos superiores al resto de seres vivos, cuando en realidad somos totalmente dependientes de todos ellos. Si seguimos avanzado por el camino del consumo descerebrado y la sobreexplotación de los recursos, vamos a terminar extinguiéndonos a nosotros mismos, lo cual sería algo muy estúpido para un animal que se considera el más inteligente que existe.

Por todo esto, este es un retrato del que me siento especialmente orgulloso, porque reivindica la importancia de lo femenino, en el sentido más amplio del término, para no olvidar su relevancia y su papel fundamental en la conservación de la vida.

 

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